11/05/2011
08/02/2011
Cuando la lectura mete púa
-No, viejo, eso se hace más bien del otro lado del mar, que no conocés. Hace rato que no me acuesto con las palabras. Las sigo usando, como vos y como todos pero las cepillo muchísimo antes de ponérmelas.
Crevel desconfía y lo comprendo. Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos y llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta de pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impuso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en perjuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.
Inútil. Condenado a ser absuelto. Vuélvase a casa y lea Spinoza. La Maga no sabe quién es Spinoza. La Maga lee interminables novelas de rusos y alemanes y Pérez Galdós y las olvida enseguida. Nunca sospechará que me condena a leer a Spinoza. Juez inaudito, juez por sus manos, por su carrera en plena calle, juez por sólo mirarme y dejarme desnudo, juez por tonta e infeliz y desconcertada y roma y menos que nada. Por todo eso que sé desde mi amargo saber, con mi podrido rasero de universitario y hombre esclarecido, por todo eso, juez. Dejate caer, golondrina, con esas filosas tijeras que recortan el cielo de Saint-Germain-des-Prés, arrancá estos ojos que miran sin ver, estoy condenado sin apelación, pronto a ese cadalso azul al que me izan las manos de la mujer cuidando a su hijo, pronto la pena, pronto el orden mentido de estar solo y recobrar la suficiencia, la egociencia, la conciencia. Y con tanta ciencia una inútil ansia de tener lástima de algo, de que llueva aquí dentro, de que por fin empiece a llover, a oler a tierra, a cosas vivas, sí, por fin a cosas vivas."
27/01/2011
Fiesta de Disfraces
desde una honda intimidad,
buscando en cada nota
el cantar de una realidad.
Si me presento al desnudo
en la corte de tu amar,
quizá resulte inocente
e intente poderte borrar.
Tanto maquillaje tapa
y colorea lo que sientes
que ya no se cuál es la escencia,
el make-up, el vacío y la muerte.
Te descubro de repente
y te veo caer al vacío
junto a la caja en que guardo
todo lo tuyo que era mío.
Pongo un tango en mis oídos
y un espejo señalando
lo eterno de sus penas,
los complejos del humano.
Tantas páginas gastadas,
adjetivos sin respaldo,
realidades camufladas,
vuelvo al frío de mi cuarto.
En la voz de mi consciencia,
rugen hambrientos leones,
una chica en un pasillo
que se pierde en los rincones.
Bofetadas a la mente
acarician con desprecio
lo complejo por inútil
si lo simple ya no es nuestro.
En la fiesta de disfraces,
miradas y seducción.
los aromas se confunden,
entre ropas y color.
Te vi, y creí que eras esa,
disfrazada del amor.
31/12/2010
Final o Cominenzo?
Brindo por eso y porque todos puedan decir lo mismo.
04/11/2010
Sin Interruptor
¿Qué hacer cuando ese ideal se muestra inalcanzable? Dos escenarios posibles: vivir corriendo atrás de algo que muy problablemente no lleguemos a encontrar, pero que siempre vamos a tener la esperanza de alcanzar; o conformarse con la mejor imitación de ese ideal que se encuentre, siempre añorando ese elemento perfecto, engañándose la mayor parte del tiempo y disfrutando lo que se pueda de lo que se pueda.
Ambos escenarios tienen sus puntos a favor y en contra; y creo que a todo el mundo, en algún momento se le presenta este punto de inflección. Algunos tienen la posibilidad, que envidio con toda el alma, de apagar el ortiva-sabelotodo que vive entre el parietal izquierdo y derecho y olvidarse de todo aquello que implique pensar, haciéndoles más fácil la decisión. Lamentablemente, el mío es un modelo viejo que no viene con interruptor.
Ahora es cuando uno se pregunta ¿para qué quiero conocer ideales de algo si son inalcanzables? ¿de qué me sirve saber que hay un paraíso al que no voy a tener acceso si sólo me va a causar nostalgia de lo que existe y no es alcanzable? ¿de qué sirve conocer lo ideal si al final del día uno va a terminar con un derivado incompleto y mediocre de ese ideal?
Todo lleva a pensar que sería más fácil no pensar, o no hacerlo tanto y tan seguido. Pero, como ya dije, el mío es un modelo viejo que no viene con interruptor. Y ahora que estamos en el baile...
05/10/2010
Sublimación Musical
Hoy llegué a la conclusión de que podría reconstruir mi vida redactando solo en base a los títulos, o fragmentos de no más de tres/cuatro palabras de las canciones que van marcando y repitiéndose en cada momento.
Como si el cerebro sublimara lo que no queremos querer o pensar en las canciones que escuchamos; y te las encontrás cantando en la calle yendo para el laburo o la facu y te das cuenta que en esa frase que parece que estás cantando de manera mecánica y quizá sin darte cuenta, hay toda una intencionalidad inconsciente; que efectivamente hay algo que no querés dejar que te pase, pero te pasa; que el inconsciente por algún lado siempre te tiene al tanto de los brotes y las demandas sindicales del ello, como un mecanismo para evitarte la evasión.
A mi me pasa escuchando canciones; pero no tengo duda que quien sea más sensible a la lectura encontrará que todas las frases del libro tratan sobre eso; al que lo mueven más que nada las películas encuentra su situación hasta en lo más descolgado; y a quién lo moviliza la pintura verá en la suma de pinceladas su cuadro de situación.
Quizá alguno se dé cuenta y otro no; o no quiera darse cuenta. Yo no puedo evitarlo, y no puedo evitar caer en consciencia de que hay algo que está empujando y lo estoy reteniendo; pero que tampoco sería natural abrirle la puerta de una de par en par, porque simplemente, no sería yo.
Si está bueno ese yo o no, será debate de otro mate; pero por lo pronto puedo adelantar que uno es el que se tiene, y los cambios de 360° no son cambios, ni duran; porque son superficiales e hijos bobos de un momento de locura o de una copa de más. Y como son humo, al primer viento se disipan y vuelve el paisaje de siempre; pero ahora con olor a quemado.
En fin, habrá que ir escuchando lo que no se piensa e ir corrigiendo sobre la marcha; sin esperar milagros y creyendo en el trabajo de hormiga.
"La Parca estuvo cerca, me miraba con cariño; asomó por la ventana y sonrió. Husmeaba la carnada y aunque nunca tocó nada, después, sin saludar, se las tomó."
24/09/2010
Psicología del Suicida del Transporte Público
Esa gente, obviamente necesita irse sintiendo que le devolvió al mundo un poco de la mierda que debe haber recibido de este. O tiene una necesidad de sentir que, aunque sea en el último instante de su vida, ésta tuvo trascendencia.
¿Por qué no se compran veneno para ratas, se pegan un baño caliente, se ponen la salida de baño, las pantuflas, se sientan en un sillón y se mandan el veneno; muriéndose tranquilos, sin enchastre ni joder al prójimo?
Si, viajé como el culo, por si quedaban dudas.
